Ni triplete, ni doblete. El Barcelona cierra una temporada que empezó con mucha expectativa con otra derrota importante. Esta vez fue en la final de la Copa del Rey con un marcador de 1-2 ante un Valencia que fue muy superior y que vuelve a ganar un título luego de 11 años de sequía.
Después del papelón hecho en Anfield donde un Barcelona totalmente desconocido, sin actitud o ideas de juego perdió en semifinales de Champions 4-0 contra un Liverpool muy superior, muchos creían que la final de la Copa del Rey sería la última oportunidad de salvar la temporada y lograr el doblete al igual que el año anterior.
La temporada pintaba de gran manera para el conjunto dirigido por Ernesto Valverde, ganaron su octava Liga en once años con una ventaja de 11 puntos sobre el segundo, el Atlético de Madrid y 19 puntos sobre el tercero, el Real Madrid. Clasificaron a la final de la Copa del Rey tras vencer al Real Madrid con un global de 4-1 y estaban con un pie en la final de la Champions League luego de haberle ganado de local 3-0 al Liverpool de Klopp.
El triplete parecía estar cada vez más cerca. Sin embargo, todo se fue cuesta abajo luego del desastroso partido que los blaugranas hicieron en Anfield. Valverde planteó un equipo muy defensivo, puso a Arturo Vidal a trancar en la mitad de la cancha y dejó un medio campo con poco manejo de pelota ya que Arthur quedó relegado en el banco. El Liverpool con el peso de su estadio encima, salió con hambre de revancha y a los 7 minutos del primer tiempo ya ganaba uno a cero. El Barcelona no encontró la pelota y en un lapso de dos minutos el Liverpool logró empatar la serie con goles convertidos a los 54’ y 56’. Para colmo al minuto 79 Trent Alexander-Arnold sacó un córner rápido y Origi aprovechó que la defensa del Barcelona estaba dormida para marcar el cuarto gol que sentenciaba la serie y confirmaba la épica remontada del conjunto inglés.
Ganar la Copa del Rey parecía la oportunidad perfecta para olvidarse del desastre de Anfield y cerrar la temporada de manera medianamente feliz, pero no fue así. Al igual que en la Champions el Barcelona fue un equipo sin ideas, que sufrió mucho la falta de Luis Suárez como 9 y dependió mucho de Messi para generar juego. Malcom que ingresó al segundo tiempo le dio al Barcelona un poco más de desborde por las bandas pero que no alcanzó para empatar y forzar el alargue.
Ahora al Barcelona solo le queda reflexionar y aprender de los errores cometidos para no volver a repetirlos en el futuro. Deberán replantearse los objetivos y renovar su plantilla. Al fichaje de Frenkie de Jong se le debería sumar el de De Ligt y el de algún delantero para darle descanso a Suárez. También hay muchos jugadores que deben salir pero principalmente el que debe salir es el técnico Ernesto Valverde para que el Barcelona vuelva a mostrar ese estilo de toque tan característico que implantó Johan Cruyff hace tantos años.